Bed despair
"No sé exactamente cuándo cambiaron las cosas, ni cuándo comencé a sentirme así, lo que sí sé es que dejé que siguiera por mucho tiempo y al final ya era algo insoportable. Tan insoportable que arruinó mucho de lo que había construido dentro de mí, todavía quedan algunos recuerdos pero se ven tan lejanos que a veces creo que son invenciones mías.
Ella era alegre, tal vez demasiado, pero eso me cautivaba. Poder sacudir ese ser precavido de mí con sus risas inoportunas y sus bromas tan infantiles. Al comienzo lo toleraba, no entendía cómo alguien tan madura pudiese ser tan infantil, cómo alguien tan sociable pudiese estar tan sola. Con el tiempo lo entendí: la imagen que mostraba era como la miel, la usaba para atraer las moscas y después elegía cuál devorar. Conmigo comenzó así, creo. Supongo que era sólo un juguete más, alguien que le entretuviera, pero después se encariñó conmigo y yo con ella. Me abrí como a nadie y poco a poco ella se soltó, mostrándome los lugares de ella que odiaba y nadie más sabía, contándome las historias que nunca se habían escuchado antes. Cuando menos lo supimos nuestras vidas estaban tan entrelazadas que sentíamos al mismo ritmo. Estábamos felices al mismo tiempo, en luto, tranquilos, estresados, asustados, extasiados. Era armonioso... y después no. Ya no era lo mismo. Ya no habían tantas risas. Quería estar acostada en su cama todo el día, y lo malo no era eso, lo malo era que quería que yo estuviera ahí con ella. Me sentía en tan poca sintonía que a veces me alejaba y reía y disfrutaba de la vida para sólo pasar mis momentos tristes con ella, porque era lo único que ahora podíamos compartir. Ahora era triste, tal vez demasiado, y eso me asustaba. ¿Era mi culpa? Era insoportable verla tirada como un cuerpo sin vida, sin poder ver sus ojos porque siempre estaban con lágrimas, escuchar como los sonidos que hacía eran solamente quejidos. Ya no había encanto. A veces el día era lo suficientemente bueno como para salir de la cama, y me llenaba de esperanza. Pero al día siguiente estaba más escondida en el colchón. Hice todo lo que pude hasta que me di cuenta que yo estaba pasando mi vida en esa cama. Y le dije que había dos opciones, o se levantaba y no volvía ahí, o yo lo hacía.
A veces me pregunto si sigue en la cama, me dan ganas de ir y acostarme con ella. Respirar su olor, sentir su piel, apretar su cuerpo. Pero sé que si vuelvo, nunca saldré de la cama."