sábado, enero 16, 2016

29

Cuando uno dice "la vida es injusta" y lo da por sentado, sigue con su vida pero, realmente, la vida es injusta. Y así debería serlo. Qué tan horrible sería saber que todo lo malo que le pasa a uno es porque uno lo merece. Que es justo que tu mejor amigo se muera y sientas tanto dolor. Que es justo que no tengas amigos y tu personalidad sea un repelente. Que tus órganos se pudran. La vida no es justa. Gracias al cielo no lo es.

domingo, enero 03, 2016

28

El 12 de Junio del 2012 empecé uno de mis tantos experimentos sociales. Siempre me gustó observar situaciones y escribir los cambios que podían surgir cuando cambiaban las variables. En esa época, recuerdo, hacía muchos experimentos sobre la misma temática: alejarme y/o acercarme a personas específicas y lograr un cambio en el comportamiento de ellos. El experimento de esa vez fue alejarme de mis tres mejores amigos, y de mi "boytoy" de ese momento. Yo escribía "Bitácora 1" y describía lo que hacía en el día, notas con respecto a la conducta de las personas involucradas, y, cito, temas dignos de señalar. Ese experimento lo concreté en 6 días. En el transcurso de esos 6 días logré cambiar el comportamiento que tenían esas personas conmigo. Pero lo que más me asombra es algo que no recordaba pasaba en mi vida. Actividades diarias. Hacía muchísimas cosas en el día. No descansaba. Hablaba con mucha gente. Y eran conversaciones con rumbo, sobre cosas en particular, cosas que no se le dicen a cualquiera. ¿Quién era esa persona? Sí, me sorprende todo lo que hacía, la objetividad que tenía, el papel de las personas en mi vida. Traté de recordar los días que describo ahí, y hay algunas cosas que logro vislumbrar pero parecen sueños y no recuerdos. No recuerdo ser tan amiga de cierta persona como lo describo en mis notas. No recuerdo que pasara tanto tiempo con esa otra persona. No recuerdo tampoco la dinámica que tenía con *él*, y mis notas dicen cosas absurdas sobre eso. Era una persona tan diferente y ahora, posiblemente, he bloqueado eso por mi incapacidad de ser así de nuevo. Creo que ahora entiendo porqué se rindieron conmigo. Al parecer fui la primera que se rindió.

sábado, enero 02, 2016

27

Qué tanto puedo escribir sin sentirme vigilada, juzgada. Porque las palabras que plasmo pueden ser sinceras pero lo que yo escriba no es quién soy. Puedo escribir sobre como ansío el abrazo de alguien (específico o no) pero en la vida real, acá afuera dónde debo caminar y saludar a mis vecinos como si me importara, odio el contacto físico. Es tan contradictorio. Un ejemplo es *él*. En mi vida no le necesito, no le espero, no le pienso. Pero en este mundo de papel falso, tengo un correo que existe sólo por si alguna vez me decide escribir, aquí donde no hay hora quiero escribir sólo sobre él, y es que el dolor causado me da tanta creatividad; pero si una persona viera esto pensaría que estoy obsesionada con él. Es difícil de explicar, porque es difícil de entender. Se convirtió en un personaje que se conoce a través de mi voz, pero probablemente no es la mitad de lo que digo que él es. No es la mitad de imbécil, ni la mitad de interesante, no es la mitad de enérgico, ni la mitad de serio. Una vez (en la vida de verdad) le dijeron que era una gran nada (no tiene ningún sentido la expresión, ni la persona que lo dijo), y yo profeso a los cuatro vientos, a los cuarenta ladrones que él es todo. 

Y leo esto buscando errores gramaticales, y tiene razón el pensar que parezco obsesionada. Pero es mi creación, mi personaje, lo basé en alguien que conocí ya hace tiempo, sí, pero este personaje no es él. Quisiera escribir sobre lo que me pasa ahora, pero escribir sobre cómo el psiquiátrico se ha convertido en uno de mis lugares favoritos para estar no es... ¿apasionante? Qué puedo decir de ese salón que se ve tan antiséptico y familiar al mismo tiempo. De Ali que al comienzo me dio fastidio/miedo y de quién ahora tengo tanta curiosidad/fervor. Del aire fresco que corre entre los halos de luz calientes y el sonido que hace entre las hojas verdes en la copa de la wachingtonia. De ver las sonrisas intermitentes con los ojos más tristes que he podido contemplar alguna vez. De las palabras quebradizas que pronuncio mientras almuerzo con las mentes más comprensivas de mi aflicción. Qué puedo decir? Si siempre que estoy allá no quiero salir a este mundo lleno de prejuicios, donde debo mentirle a mi propia familia, donde debo decirles que voy al psiquiátrico porque estoy haciendo prácticas, no porque soy una paciente. Acaso es posible que quieran escuchar de verdad sobre mí y mi doloroso camino de una enfermedad que, seamos realistas, es terminal. No. Mi personaje es más interesante, está lleno de irrealidad. Es más fácil decir "no he superado a mi exnovio de hace más de un año" que decir "tengo una enfermedad mental que me da ganas de querer matarme todos los días".