martes, diciembre 06, 2016

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Es inevitable escribir sobre el pasado. No se puede escapar de lo conocido, de lo cómodo, del hogar. Sin embargo, algunas veces salimos de la habitación y escribimos con esperanza historias ideales que esperamos que sucedan o que simplemente sean ficción y nunca nos pasen. Pero ciertamente, es lo sucedido de lo que más escribimos. El sentimiento roto, la palabra guardada y la mirada arrojada son el brote de nuestras palabras; es la narración lo que más nos motiva.

Supongo que transformar en párrafos estos recuerdos hacen que sean más difíciles de olvidar. De todos modos, creo que aferrarse a una línea de nuestra vida hace que el resto no pueda evolucionar. La única manera que veo de resolver este dilema es escribir sobre lo ocurrido hasta que ya no haya nada más que escribir. Y aunque la tinta de la pluma sea fácil de agotar, las memorias en el cerebro son algo más complicado.

Sólo nos queda escribir.