sábado, febrero 03, 2018

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Mi papá era una persona muy inteligente pero no había sido educada formalmente, lo cual me hace pensar que su inteligencia era aún mayor. Recuerdo que era un as para la aritmética; las sumas largas las hacía sin necesidad de papel y lápiz; las divisiones con números grandes no eran nada; los cálculos que hacía sobre el terreno de tierra nunca los pude entender bien. Lo que más me llama la atención es que a pesar de ser una persona tan imponente y terca (a veces) era lo suficiente humilde (a veces) para admitir que no sabía cosas y preguntarle a su hija menor de edad sobre ellas. Él sabía que a mis nueve años sabía escribir mejor que él, por eso siempre me preguntaba sobre ortografía y gramática, y una que otra vez semántica. Sin embargo nunca podré devorarme los crucigramas como él lo hacía. Lo he intentado pero una vez me dijo que cada crucigrama es un lenguaje propio que se va aprendiendo con la constancia y yo de eso, no tengo. Él me creía más inteligente de lo que soy y yo le creía más inmortal de lo que era. Ahora me doy cuenta que cuento historias y hablo sobre él como él lo hacía sobre su papá. Sólo ahora que no está comprendo porqué hablaba de él como hablaba.