viernes, marzo 25, 2016

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Razones por la que ya no soy tu amiga

Cuando comencé la universidad pensé que conservaría mis tres mejores amigos para siempre. Que eventualmente me iría a vivir con una de ellos y que pelearíamos porque su ninfomanía no me dejaría estudiar. Que iría a almorzar con los otros dos y les contaría eso y nos reiríamos porque era de saberse.

Cuando realmente comencé la universidad una de mis amigas (la más cercana) seguía en el colegio, la otra fue a otra universidad, y mi amigo, aunque estudiábamos en la misma facultad, se fue distanciando porque su novia me odiaba. Empecé a andar entonces con gente nueva, gente con la que tenía más cosas en común que con los del colegio, pero no tantas para proclamar una química instantánea. Después comencé a andar con alguien que ya conocía de antes y nos volvimos muy cercanos, se volvió imprescindible. Después tres personas más que no pensarías podrían ser tan cercanos. Y hasta teníamos un nombre los 5. El tiempo pasó y con el tiempo (por supuesto) mi enfermedad se agravó, por ende yo cambié. Al comienzo las cosas seguían bien con ellos, pero no eran igual, de todos modos no eran tan diferentes. Después las cosas cambiaron mucho más y ya no andábamos juntos.

Luego, algo pasó, y eramos el grupo de nuevo, había un desertor, pero las cosas funcionaban. Hasta que ya no. Me di muchas oportunidades de pensar que sí podían estar bien, no ser como antes, pero estar bien. Me di la oportunidad de pensar que de verdad tenía amigos reales de esos que se dicen "pa' las que sea", y son para lo que sea. Me di la oportunidad de no perder la esperanza y me obligué a aguantar tantos desplantes, comentarios ofensivos, falta de apoyo, engaños, pensando que porque un quinto de las veces que estábamos juntos, era aceptable. Pero las cosas no son así. Las cosas no deben ser aguantadas.

Desde diciembre, y sobretodo en diciembre, estuve pensando y reconsiderando mi definición de amistad, estuve pensando que tal vez soy muy exigente, que espero mucho de las personas, o que al menos espero algo recíproco de personas que sé que pueden darlo y que además me han dicho que lo darán. Pero diciembre fue un asco en ese aspecto. Prevaleció ese inmundo sentimiento de pasarla bien sin importar los demás. Pero yo era los demás. Cada vez me sentía más sola, física y emocionalmente. No me importaba con quiénes salieran. Lo que me dolía era que no estuvieran tan interesados en mí, en cómo estaba.

Cuando mi papá falleció, fue la primera vez que de verdad acepté todo ese "estoy aquí para vos" y "pídeme lo que necesites que yo lo hago". Porque lo necesitaba, porque hay que reconocer cuando no sé es fuerte. Y... fallaron. Y puedo perdonarle toda las cosas a todo el mundo, el perdón me es fácil para los demás. Pero no me puedo perdonar a mí tener malos amigos; no se puede tener malos amigos. Un amigo es bueno.

Y sí, no es que haya cambiado mucho, no hablaba antes con ellos, así que eso no cambió. No salíamos, así que eso tampoco cambió. No me visitaban, tampoco ha cambiado. Estoy mejor así, porque sí, sigo sola, pero antes estaba engañada pensando que no lo estaba aunque me sintiera sola. Ahora al menos eso es consistente, me siento sola porque estoy sola. No perdí nada.

Y esos tres amigos del colegio? Una de ellas me visitó hace unos días, nada ha cambiado, somos las mismas niñas de 15 hablando de tipos, de noticias, de ideas, de música. La otra me la encuentro a veces, hemos cambiado, pero somos mejores ahora, más cómodas con nosotras, más fieles a lo que somos; nos vemos y nos abrazamos y sonreímos como tontas, porque pueden pasar los siglos y nos derrochamos amor. Y el último hace parte de la lista, amigos circunstanciales.