"By the time I woke up the green grass had turned brown, the rooted trees had fallen flat, and that old warm wind now stung my face. I would have been more upset, but the landscape died in the prettiest palette. And even the rot smelled sweet."
Que mi mano toque mi rostro y sentir como la piel de otra persona está ahí, nunca dejará de ser fascinante. Vivir los recuerdos de las maneras más coloridas y tormentosas cuando se es el único que los tiene, cuando se es el único que los vivió, sintió. Es impresionante lo mucho que mi cerebro alberga y que mi cuerpo puede interpretarle, lo sincronizado y armonioso que es todo para hacerme sentir las cosas más mínimas y nimias, y a la vez hacerme querer morir porque lo que siento es insoportable. Que mi mente y percepción del ser, y lo físico y mi cuerpo no sean uno, sino que estén juntos, como compañeros, a veces dejando ganar al otro, a veces odiando la convivencia, pero siempre juntos. Que cuando uno de esos dos se aflige y se esconde (o, a mi gran pesar, se ausenta sin razón alguna) el otro desesperado le busca, se transforma, modifica su sistema porque le extrañe, le quiere, le necesita. No hay nada más maravilloso como el sentimiento de poder experimentar. Gracias a las estrellas aún puedo sentir.