lunes, septiembre 14, 2015

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Tengo fotos que nunca nadie más va a ver. Fotos que tomé que son merecedoras de un marco y un lugar en la pared. Fotos que matan cualquier photoshop de lo lindas que son. De lo lindos que salimos. Pero esas fotos son mías, son para cuando estoy triste y lo odio, para cuando me doy cuenta de todo lo mal que me hizo pasar. Porque fue un terrible novio pero es una gran persona, y esas fotos me recuerdan que hay alguien que tiene metas y miedos, que tiene gustos particulares, que se cuestiona sobre sí y sobre el mundo. Una persona. Fuera de todo lo que hubo en nuestro vínculo, existe alguien y humanizar ese alguien me hace perdonar. Y perdonar me hace sanar. Y sanar es lo que necesito.

Hoy cuando iba en el bus, odiando mi enfermedad (que en cualquier momento me iba a traicionar y hacerme desmayar entre desconocidos), me di cuenta que esa cotidianidad es preciada, que cada maldición que le hago a la sociedad por esas nimiedades es lo que hace tan rica mi propia burbuja. Sólo cuando he sudado porque la temperatura de Cali es exageradamente alta, cuando he tenido sed y no hay agua en el campus, cuando me irrita caminar un kilómetro para poder abordar un vehículo que me lleve a mi casa, sólo cuando eso pasa puedo deleitarme con la incomodidad de mi cama y el fuerte sonido que hace el ventilador. Y nada está bien pero todo estará bien.