sábado, mayo 23, 2020
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Nunca he sido creyente. Lo intenté durante un largo tiempo pero sólo terminó en más frustración. Cuando era pequeña me cuestionaba mucho sobre mi seguimiento de instrucciones, "¿será que así no se reza?" "tal vez las señales sólo las pueden ver los adultos" "¿y si soy tan mala que me ha abandonado para siempre?". Fue complejo crecer pensando que había una presencia que acudía a todos pero a mí me ignoraba, me cargaba de culpa el pensar que yo merecía ese silencio y que tampoco podía contárselo a nadie porque qué pensarían los demás de mí si se dieran cuenta que Dios me está haciendo el visto feo o ni siquiera me mira. Darme cuenta que no era porque yo no existiera para él sino que él simplemente no existía fue natural y lentamente progresivo; no hubo gran revelación ni bombos y platillos nihilistas, no fue ningún texto de Nietzsche ni canciones de punk, fueron los días alegres y los días tristes sin el acompañamiento divino que todos prometen. Nunca intenté convencer a nadie de esto porque esperaba que fuese al revés, "la equivocada soy yo, tengo el ojo espiritual con miopía y necesito los lentes apropiados". También, al crecer en medio de tantos difuntos, entendí que todos necesitan aferrarse a algo que no ven... eso me hizo querer buscar una creencia y, deambulé en distintos caminos sagrados y paganos, todos invisibles para mí. Fue frustrante el querer creer y no poder. La reencarnación tal vez fue la más difícil de aceptar, o mejor dicho la falta de la existencia de esta. La veía muy apetecible: la vida no acaba, lo que haces tiene consecuencias, puedes volver a comenzar pero sin recordar, cada paso es un paso hacia adelante. El saber de lo finito del tiempo corporal, de los límites tan demarcados de lo que ya no es ni será jamás, fue una decepción y al fin y al cabo, una bendición. La liberación que da saber que lo que hay es lo que es y con eso hay que vivir; es tranquilizante y motivante creer que sólo el ahora es el tiempo que se me ha dado para hacer y esta es mi única oportunidad. Y eso es en lo que creo.