Al principio me sorprendía cómo otros olores me recordaban por algunos segundos su extasiante aroma.
Luego eran los pensamientos, no necesitaba otras variables para sentirlo; lo traía a mi deseo.
Estaba bajo mi control, pero como un virus se esparció y llenó cada ranura de mi cerebro.
Después yo apestaba a él.
Mi piel relucía el olor de su mañana y anochecer.
Crece bajo mis uñas, no es ni siquiera la ilusión a su perfume; estoy cubierta de sus partículas.
Sólo soy su fragancia.