Qué tanto puedo escribir sin sentirme vigilada, juzgada. Porque las palabras que plasmo pueden ser sinceras pero lo que yo escriba no es quién soy. Puedo escribir sobre como ansío el abrazo de alguien (específico o no) pero en la vida real, acá afuera dónde debo caminar y saludar a mis vecinos como si me importara, odio el contacto físico. Es tan contradictorio. Un ejemplo es *él*. En mi vida no le necesito, no le espero, no le pienso. Pero en este mundo de papel falso, tengo un correo que existe sólo por si alguna vez me decide escribir, aquí donde no hay hora quiero escribir sólo sobre él, y es que el dolor causado me da tanta creatividad; pero si una persona viera esto pensaría que estoy obsesionada con él. Es difícil de explicar, porque es difícil de entender. Se convirtió en un personaje que se conoce a través de mi voz, pero probablemente no es la mitad de lo que digo que él es. No es la mitad de imbécil, ni la mitad de interesante, no es la mitad de enérgico, ni la mitad de serio. Una vez (en la vida de verdad) le dijeron que era una gran nada (no tiene ningún sentido la expresión, ni la persona que lo dijo), y yo profeso a los cuatro vientos, a los cuarenta ladrones que él es todo.
Y leo esto buscando errores gramaticales, y tiene razón el pensar que parezco obsesionada. Pero es mi creación, mi personaje, lo basé en alguien que conocí ya hace tiempo, sí, pero este personaje no es él. Quisiera escribir sobre lo que me pasa ahora, pero escribir sobre cómo el psiquiátrico se ha convertido en uno de mis lugares favoritos para estar no es... ¿apasionante? Qué puedo decir de ese salón que se ve tan antiséptico y familiar al mismo tiempo. De Ali que al comienzo me dio fastidio/miedo y de quién ahora tengo tanta curiosidad/fervor. Del aire fresco que corre entre los halos de luz calientes y el sonido que hace entre las hojas verdes en la copa de la wachingtonia. De ver las sonrisas intermitentes con los ojos más tristes que he podido contemplar alguna vez. De las palabras quebradizas que pronuncio mientras almuerzo con las mentes más comprensivas de mi aflicción. Qué puedo decir? Si siempre que estoy allá no quiero salir a este mundo lleno de prejuicios, donde debo mentirle a mi propia familia, donde debo decirles que voy al psiquiátrico porque estoy haciendo prácticas, no porque soy una paciente. Acaso es posible que quieran escuchar de verdad sobre mí y mi doloroso camino de una enfermedad que, seamos realistas, es terminal. No. Mi personaje es más interesante, está lleno de irrealidad. Es más fácil decir "no he superado a mi exnovio de hace más de un año" que decir "tengo una enfermedad mental que me da ganas de querer matarme todos los días".